La guerra desconocida

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Author: Otto Skorzeny
Categoría: Etiqueta: Product ID: 2529

Descripción

El coronel Otto Skorzeny, a quien la leyenda ha considerado como el “hombre más peligroso de Europa”, no es únicamente el oficial alemán que se hizo célebre con la liberación de Benito Mussolini, en 1943, es, sobre todo, el autor de una nueva estrategia que revolucionó las artes militares.

A esta conclusión llegaron cuatro oficiales del Ejército aliado que estudiaron con todo detalle la actuación del coronel Otto Skorzeny y de sus “Unidades Especiales” durante la Segunda Guerra Mundial. Los cuatro rindieron homenaje a los resultados excepcionales y sorprendentes obtenidos por el que fue algo más que un “magnífico aventurero”.

En cualquier caso, bien puede llamarse Desconocida la guerra que Otto Skorzeny cuenta en este libro, porque él, como actor y testigo, descubre en sus memorias muchas de las incógnitas que su genio militar planteó al mundo.

Encontraremos en las conversaciones, las reflexiones, los documentos que nos confió y que hemos recogido de la manera más escrupulosa, numerosos temas de meditación. Es verdaderamente un nuevo aspecto de la Segunda Guerra mundial lo que él nos da mientras que él mismo ilustra con su acción, este pensamiento de Napoleón:

«En la guerra no son los hombres los que cuentan, es el hombre.»

PRÓLOGO

Cuatro oficiales, generales de los ejércitos aliados del Oeste, han examinado la acción del coronel Otto Skorzeny y de sus unidades de «destino especial» durante la Segunda Guerra mundial.

El primero ha sido el general Robert E. Laycock (C.B., D.S.O.), Jefe de las Operaciones combinadas británicas desde 1943 a 1947, quien en el prefacio del libro de Charles Foley, «Comando Extraordinario», compara a Skorzeny con David Stirling, coronel que man­daba el «Servicio Especial Aéreo» (S.A.S.), del cual se tratará en este libro.

«Por su manera de concebir las operaciones, escribe Laycock, Stirling y Skorzeny hacen pensar en esos jugadores de ajedrez que, burlándose de las defensas del adversario, se apoderan de su reina en dos jugadas tan rápidas como inesperadas.»

Afirma: «Estos dos hombres tuvieron que luchar contra la desconfianza que despertaron sus ideas.» Es verdad, si bien fue precisamente Hitler quien escogió a Otto Skorzeny para encargarle grandes operaciones que él mismo había imaginado. Pero, en el seno de los Estados mayores, Stirling y Skorzeny chocaron con la misma incomprensión por no decir con la misma hostilidad.

En el prefacio de la edición americana del libro de Foley fue el general americano Telford Taylor, quien escribió:

«El nombre del coronel Otto Skorzeny está asociado sobre todo a empresas donde los factores sicológicos han sido la clave del éxito… Ha vuelto a poner de relieve métodos que generalmente habían caído en desuso, ha demostrado la unidad esencial de tos objetivos políticos y militares y ha obtenido —con audacia, imaginación y una gran economía de medios— resultados verdaderamente’ sensacionales. Teniendo en cuenta la época y las circunstancias, ‘les equitativo decir que son únicos. Aquí está la razón por la cual su fama sobrepasa en brillo y duración a la de otros «altos aventureros» de la Segunda Guerra mundial.»

En 1972 apareció en los Estados Unidos el libro de Charles Whiting, «Otto Skorzeny», con una introducción del general Peter Young (D.S.O., M.A.) ex-jefe de la 1.a Brigada de comandos británicos y profesor de historia militar en la Academia real de Sandhurst.

El general Young pone en paralelo la acción del jefe de las Unidades Especiales de Friedenthal y la del legendario coronel T.E. Lawrence, el autor de los «Siete Pilares de la sabiduría», quien durante la Primera Guerra mundial mandó en el Oriente Medio las fuerzas de guerrilla árabes contra los Turcos, desde 1916 a 1919.

«Otto Skorzeny, escribe Peter Young, fue un jefe enérgico, inte­ligente e imaginativo. Si le sonrió la suerte fue porque era un verdadero líder, con el magnetismo, la originalidad, el dinamismo y el golpe de vista necesarios al gran jefe de las fuerzas especiales…

Sin embargo, hace notar el general, Skorzeny demostró en el transcurso de la última batalla que libró, la de la cabeza de puente de Scwedt-sur Oder, «que es la menos conocida», que también era un jefe de guerra convencional de primer orden.

«Primero, a la cabeza de un millar de hombres —escribe— el coronel Skorzeny pudo reunir en unos días 15.000 combatientes para formar su División Scwedt. Resistió con éxito durante un mes a fuerzas infinitamente superiores.»

El general Young concluye:

«Sería equívoco pensar que aquello fue únicamente el feliz resul­tado de una improvisación. Yo creo, sin embargo, que aquí tenemos la prueba de que Skorzeny no estaba dotado solamente para el golpe brillante y sensacional, sino que era un jefe tenaz, astuto, obstinado, que merecía ampliamente ese grado de oficial general que se le rehusó de manera tan mezquina.»

He conocido a uno de los mejores oficiales de Estado Mayor del general Douglas MacArthur, el mayor-general Charles A. Willoughby, del cual he traducido en 1953 el libro «Shanghai Conspiracy». Antiguo profesor de historia comparada en la Escuela de Guerra de U.S.A., Willoughby se interesó particularmente, después de la guerra, en los hechos de guerra de Skorzeny y justamente porque habían tenido lugar en escenarios de operaciones que él no había podido conocer.

«Lo que caracteriza a las grandes operaciones del coronel Skor­zeny —me dijo— es primeramente que pudo verificar él mismo y sobre el lugar la veracidad de las informaciones que le eran comuni­cadas. Mejor aún, esos informes los reunió él gracias a un «team» que dirigía en persona. Esto es lo ideal. En lo concerniente a la batalla del Pacífico, no nos era posible verificar las informaciones que nos llegaban de un frente de batalla que distaba cinco mil kilómetros.»

«Las hazañas más conocidas de Otto Skorzeny corresponden a un gran estratega. Sacar al Dulce de Melbourne, de Singapur, de las Filipinas, de New York o de Tokyo, tendría igual resonancia.»

«Yo me he preguntado a menudo si alguna vez Eisenhower y Bradley se tomaron la molestia de estudiar seriamente la ofensiva alemana de mayo de 1940, de la que, la ofensiva de las Ardenas de diciembre de 1944 era, en cierta forma, una repetición. Los resultados tácticos de la operación «Griffon» fueron felizmente mediocres, porque la brigada blindada que tuvo que improvisar Skorzeny no pasó el Mosa y tuvo que jugar un papel puramente convencional. Pero los resultados obtenidos por sus pequeños comandos son únicos en lo que se puede denominar la historia de «la guerra de imaginación.»

Estos juicios son compartidos por oficiales, generales, especialis­tas, en las operaciones de comandos. Charles Willoughby nos explicó que él mismo tuvo que organizar tales operaciones en el Pacífico. «Hazañas de capa y espada», me decía él.

En operaciones de esta naturaleza es esencial «conseguir el objetivo». Pero está la manera de hacerlo. Veremos que los servicios especiales británicos «raptaron» realmente a Rudolf Hess en mayo de 1941. Sin embargo, los procedimientos que fueron utilizados para este fin son muy diferentes a los que permitieron sacar al Duce o la captura de Burgberg en Budapest.

Otto Skorzeny supo actuar con brío y esto es lo que impresionó en el campo contrario a los jefes de comandos, como el coronel David Stirling y el comodoro de la RAF Forrest Yeo Thomas, que estimaban y admiraban a Skorzeny. El mismo les tenía en muy alta estima. Si estos hombres fueron adversarios puede decirse que no se consideraban como enemigos. Hay entre ellos una evidente solidaridad y Yeo Thomas en Dachau testimonió a favor de Otto Skorzeny de un modo que le hizo honor.

Los rusos, siempre realistas, mostraron también que hacían un gran caso al valor de un oficial como Otto Skorzeny cuando después de la guerra trataron de tenerlo a su servicio. Los americanos hicieron lo mismo sin mayor éxito.

Es muy natural que el «Generaloberst» Paul Hausser, fundador de los Waffen SS, escribiese:

«Otto Skorzeny no ha sido nunca un combatiente convencional… Su camarada y antiguo jefe de división es feliz de poder manifestarle toda su estima.» No sólo ha llevado a cabo acciones con audacia e inteligencia, sino que ha sabido encontrar soluciones en situaciones que parecían verdaderamente desesperadas.»

En el capítulo II de la tercera parte encontramos la hermosa dedicatoria del mariscal Albert Kesselring al libertador del Duce.

Skorzeny es uno de los soldados alemanes que durante la última guerra obtuvo distinciones más altas. Titular de la Cruz de caballero con hojas de roble, cruces de hierro de primera y segunda clase, cruz alemana en oro. Fue, igualmente, citado en la Orden del Día del Ejército en diciembre de 1944 por su participación en la batalla de las Ardenas. Es además Comendador de la Orden de la Corona de Hungría —con atribución de un título nobiliario y de una tierra— y Mussolini le condecoró con la Orden de ios Cien Mosqueteros. El Duce y el Archiduque José de Habsburgo, quien ofreció a Skorzeny en Budapest un soberbio caballo blanco, le distinguieron así como una especie de D’Artagnan vienés. El archiduque se revistió simbó­licamente para dicha circunstancia con el uniforme de mariscal de campo de la armada imperial y real.

De naturaleza muy diferente es el largo comentario que sir Basil Liddell Hart consagra a la operación Griffon en su «Historia de la Segunda Guerra Mundial». Habla a este respecto de un éxito «fantástico».

Que este episodio haya encontrado lugar en la obra a la vez tan vasta y tan condensada de uno de los mejores historiadores militares contemporáneos, prueba que sir Basil ha sabido ver la importancia histórica del papel de la imaginación en los modernos conflictos armados.

La mayoría de los generales más célebres de la Segunda Guerra mundial se han limitado en sus memorias a explicar su acción pasada. Muy raros son los que, dotados de una visión sintética de la guerra, han considerado primero las verdaderas «causas» del aconte­cimiento.

Esta visión sintética y esta concepción original que tenía Skor­zeny de la acción guerrera son utilizadas aquí con un fin histórico que interesa también al porvenir.

En su célebre obra «Vom Kriege», Karl von Clausewitz hace notar: «La búsqueda de las «causas» de los fenómenos y el examen de los «medios» apropiados para los fines que ellos sirven deben ir a la par en el estudio critico de una acción.»

Cuando el coronel Skorzeny cuenta sus operaciones abarca un campo mucho más vasto que el de la estrategia y el de la táctica. Su visión de acontecimiento nos revela una nueva perspectiva de la guerra en lo que respecta, tanto a la política, la economía y la sicología, como a la logística y a la información.

El general Young ignoraba ciertamente que Skorzeny leyese precisamente «Los Siete Pilares de la Sabiduría» en el momento en que su unidad se preparaba para el ataque contra la URSS. Hoy sabemos que las promesas hechas a T. E. Lawrence no fueron mantenidas. Pero al menos, en enero de 1919, en el Quai d’Orsay, el coronel Lawrence, como consejero del emir Faisal, participó en las discusiones preliminares concernientes al Tratado de Paz. Cierta­mente era un «aventurero», pero un aventurero victorioso. Veremos que después de la Segunda Guerra mundial, el coronel Skorzeny tuvo un destino distinto.

Encontraremos en las conversaciones, las reflexiones, los documentos que nos confió y que hemos recogido de la manera más escrupulosa, numerosos temas de meditación. Es verdaderamente un nuevo aspecto de la Segunda Guerra mundial lo que él nos da mientras que él mismo ilustra con su acción, este pensamiento de Napoleón:

«En la guerra no son los hombres los que cuentan, es el hombre.»

Información adicional

Peso 530 g
Autor

Otto Skorzeny

Paginas

421

Pasta

Blanda

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