De los fiordos a las estepas (la legion SS Noruega en el frente del este 1941 – 1943)

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Costo: 190 MXN

Author: Erik Norling
Categoría: Etiqueta: Product ID: 11778

Descripción

Este libro que tiene el lector entre sus manos narra un capítulo de la historia de los cerca de 15.000 noruegos (una cifra muy considerable en un país con menos de la mitad de población que Madrid, no lo olvide­mos) que se alistaron para combatir en la Cruzada contra el Comunismo durante la Segunda Guerra Mundial. De estos, casi unos 10.000 vestirán el uniforme de la Waffen-SS y un millar de ellos caerá en el campo del honor, de ellos unos 200 en los campos de exterminio soviéticos. La Legión SS Noruega, la primera de las unidades donde servirán estos voluntarios europeos, tiene una historia de valor y coraje que nadie podrá negar tras leer lo que nos cuenta el autor.

Repasará Erik Norling los sucesos que llevaron a estos hombres a tomar una decisión que les cambiará su vida. Su conocimiento del noruego, del ambiente que les rodeaba (es importante para un historia­dor conocer el medio) y su prodigiosa capacidad de trabajo, que le ha llevado a visitar en innumerables ocasiones Noruega para sumergirse en el mundo de los veteranos (ha visitado y entrevistado a casi todos los supervivientes, casi es como uno de ellos me atrevería a decir), el de los archivos (especialmente los nórdicos, tan desconocidos para los historiadores) además de viajar para conocer in situ los campos de batalla y donde se desarrolla la historia que nos relata. No es un elogio inmerecido o superfluo el decir que tenemos entre nosotros a una de las personas que más saben de la historia de los voluntarios escandinavos en la Waffen-SS. Esta cualidad la comprobará el lector mismo al encontrar en esta obra material de archivo inédito, así como fotografías prestadas por los mismos protagonistas a nuestro autor para que las conozcamos. Esto siempre es algo que es sumamente grato a un editor, y más en mi caso que además comparto la pasión por la historia de todos aquellos hombres que se atrevieron a desafiar al mundo entero para hacer realidad la divisa de su unidad:

¡ MI HONOR SE LLAMA FIDELIDAD !

PRÓLOGO DEL EDITOR

Cuando ahora iniciamos la segunda década de nuestra aventura de editar una colección dedicada a los voluntarios contra el Comunismo, y hemos visto durante estos años que han transcurrido trabajos de una extraordinaria calidad -como lo demuestran la aceptación y los elogios de los lectores- me cabe el honor de presentar otra aportación más, con la que ya habremos cubierto una etapa esencial en los propósitos que nos hicimos cuando la iniciamos.

Esta ocasión me es asimismo doblemente grata, no sólo porque es una de las promesas que hicimos al principio de nuestra andadura (¿quién no se acuerda de la larga lista de títulos que anunciábamos en los primeros números de la colección, y que a muchos hizo sonreír creyendo que jamás podríamos cumplirlo?), sino también porque era una de mis asignaturas pendientes. La verdad es que llevaba año tras año pidiéndole a nuestro especialista en los voluntarios escandinavos, Erik Norling, que escribiera sobre una unidad que siempre se mencio­naba en todos los libros y relatos sobre los voluntarios escandinavos, pero sobre la que nadie había escrito, ni siquiera en el extranjero: la Legión SS Noruega.

Este libro que tiene el lector entre sus manos narra un capítulo de la historia de los cerca de 15.000 noruegos (una cifra muy considerable en un país con menos de la mitad de población que Madrid, no lo olvide­mos) que se alistaron para combatir en la Cruzada contra el Comunismo durante la Segunda Guerra Mundial. De estos, casi unos 10.000 vestirán el uniforme de la Waffen-SS y un millar de ellos caerá en el campo del honor, de ellos unos 200 en los campos de exterminio soviéticos. La Legión SS Noruega, la primera de las unidades donde servirán estos voluntarios europeos, tiene una historia de valor y coraje que nadie podrá negar tras leer lo que nos cuenta el autor.

Repasará Erik Norling los sucesos que llevaron a estos hombres a tomar una decisión que les cambiará su vida. Su conocimiento del noruego, del ambiente que les rodeaba (es importante para un historia­dor conocer el medio) y su prodigiosa capacidad de trabajo, que le ha llevado a visitar en innumerables ocasiones Noruega para sumergirse en el mundo de los veteranos (ha visitado y entrevistado a casi todos los supervivientes, casi es como uno de ellos me atrevería a decir), el de los archivos (especialmente los nórdicos, tan desconocidos para los historia­dores) además de viajar para conocer in situ los campos de batalla y donde se desarrolla la historia que nos relata. No es un elogio inmereci­do o superfluo el decir que tenemos entre nosotros a una de las perso­nas que más saben de la historia de los voluntarios escandinavos en la Waffen-SS. Esta cualidad la comprobará el lector mismo al encontrar en esta obra material de archivo inédito, así como fotografías prestadas por los mismos protagonistas a nuestro autor para que las conozcamos. Esto siempre es algo que es sumamente grato a un editor, y más en mi caso que además comparto la pasión por la historia de todos aquellos hom­bres que se atrevieron a desafiar al mundo entero para hacer realidad la divisa de su unidad: ¡ MI HONOR SE LLAMA FIDELIDAD!

José García Hispán,

Editor.

INTRODUCCIÓN

Berlín, mayo de 1945; un grupo de soldados de la Waffen-SS se mueven entre las ruinas de lo que fue capital del todopoderoso Tercer Reich. El “Führer”, Adolf Hitler, acaba de morir en la Cancillería, “cara al enemigo bolchevique en el puesto de honor” reza la portada de numerosos periódicos europeos que aún defienden la memoria del que fuera el comandante en jefe de la mayor aventura político-militar jamás iniciada en Europa. Saben solo estos hombres, ajenos a la satisfac­ción que la muerte de Hitler ha causado en muchos lugares del orbe, que los rusos han conquistado la ciudad, que todo ha acabado, pero están dispuestos ha resistir hasta el final, por algo su lema es “Mi honor se llama fidelidad”. Aunque no sean alemanes, sienten que su Patria también está amenazada por los rusos, ahora más que nunca.

Se trata de un puñado de voluntarios noruegos. Algunos de ellos son jóvenes muchachos que se alistaron hace unos meses, decididos a parti­cipar aunque todos -sus amigos, la familia, sus maestros- le intentasen convencer de quedarse en casa esperando como todo acababa. Otros, aguerridos veteranos, han recorrido los caminos de Europa durante cinco años vestidos con el uniforme feldgrau y las runas de la SS, partícipes, cuán cruzados de una nueva Orden de caballería que dirigie­ra Himmler. Vieron caer a su lado a muchos camaradas; otros muchos han quedado inválidos pero lo peor está aún por llegar: la llamada “Liberación” para unos, que será el infierno para estos soldados, y la larga posguerra, que pasarán muchos de ellos en campos de concentración soviéticos. Junto a ellos hay otros voluntarios procedentes de todos los rincones de Europa: franceses, holandeses, flamencos, daneses, leto­nes, suecos y hasta un puñado de aguerridos españoles.

La aventura de estos voluntarios europeos contra el Comunismo comenzó, para los noruegos, en 1940, cuando se les autorizó a alistarse en la Waffen-SS, primero para la división SS Wiking, y después -ya en 1941- en la Legión Noruega. La historia de la internacional y emblemá­tica División de la Waffen-SS Wiking es muy conocida, habiendo sido objeto de numerosos estudios y trabajos, incluso en español, pero la de la Legión Noruega ha pasado prácticamente desapercibida para los his­toriadores que se han adentrado en el movimiento voluntario contra el comunismo.

Nacida en julio de 1941 como una unidad enteramente noruega, dependiente del gobierno noruego -de hecho nunca se le denominó oficialmente Legión SS -, aunque estuviera bajo la dirección de la Waffen-SS, servirá durante dos largos inviernos en un frente estático como el de Leningrado, sufriendo un elevado número de bajas. Su historia nos ilustrará sobre los motivos y las circunstancias que confluyeron para que miles de jóvenes europeos decidieran arriesgar sus vidas en el frente del Este. A diferencia de los primeros voluntarios de la Wiking (cuyas simpatías por el nacionalsocialismo alemán era obvias) en la Legión Noruega primó ante todo el sentimiento patriótico. Muchos de los vo­luntarios, aunque militantes del partido de Quisling, no necesariamente aprobaban la ideología hitleriana y su decisión de alistarse estuvo más influida por el deseo de participar en la defensa de su Patria frente al comunismo que por otros motivos. Por sus filas pasarán casi 1.500 voluntarios de los cuáles unos 180 quedarán enterrados en Rusia y muchos más volverán heridos e inválidos, lo que da unos porcentajes de caídos de más del 10% y de heridos cercano al 60%.

1 Comparando con otras unidades Waffen-SS como la Leibstandarte o la Wiking, el índice de bajas no es impresionante a primera vista, pero si lo comparamos con las pérdidas de otros ejércitos (exceptuando el ruso) es muy elevada. Recordemos que una guerra tan dramática y sangrienta como la de Vietnam únicamente supuso un 2,5% de caídos para los soldados americanos allí implicados.

Relatar su epopeya era una de las tareas que me había propuesto y que seguía pendiente. Efectivamente, cuando comencé a estudiar a los voluntarios europeos, los veteranos noruegos fueron los primeros en apoyarme y allanarme el camino. Durante casi quince años me han abierto sus casas, sus baúles de los recuerdos y, ante todo, sus corazo­nes. Han tenido que pasar todos estos años antes de decidirme a plasmar estas vivencias en el papel, quizás por el respeto que me imponían.

Muchos de ellos eran inválidos, otros habían sufrido en sus propias carnes la incomprensión y la intolerancia de sus convecinos tras la guerra. Fueron acusados y señalados como traidores, cuan parias, cuan­do su único delito fue el de creer en un ideal y alistarse en la Cruzada contra el Comunismo, el siniestro sistema político que amenazaba con arrasar Europa. Triste destino y cruel paradoja la de unos hombres que se mantuvieron fieles a sus ideales, vertiendo incluso su propia sangre en la defensa de lo más sagrado, su Patria, y que por su fidelidad fueron perseguidos con saña. Digo hombres, pero también debo hablar de las quinientas voluntarias noruegas de la Cruz Roja (muchas de ellas falle­cieron en bombardeos o durante las batallas) que partieron hacia el Frente y que recibieron un trato peor si cabe que el de los hombres en la postguerra, cuando incluso la Cruz Roja noruega renegó de estas voluntarias, cuyo único deseo había sido el de aliviar el dolor de los heridos en los combates.

Recuerdo con cariño ese primer encuentro con un veterano de la Legión Noruega, una gélida tarde de invierno nórdico. Yo apenas tenía veinte años cumplidos, y enfrente me encontré un grupo de entrañables jubilados (aún jóvenes entonces pero que para mí me parecieron perso­nas muy mayores) que me contaron su historia. Después me presenta­ron a otros, y éstos a su vez a otros. La lista de amigos que he hecho durante estos años, cerca de veinte, muchos de ellos ya fallecidos, es interminable. Con el tiempo -no puedo negarlo y aunque la tarea del historiador es ser imparcial- me compenetré con ellos hasta convertirme en uno de ellos. En Oslo tienen en los momentos en que se escriben estas líneas, y desde hace ya más de cuatro décadas, un instituto dedica­do a preservar la memoria de lo que significó la aventura que tuvieron la suerte, o desgracia, de vivir en su juventud. Me refiero al INO -Instituto para la Historia de la Ocupación en Noruega- que ha construido un archivo único, que permitirá a las futuras generaciones saber con más exactitud lo que sucedió y no tener que atenerse a las fuentes de los historiadores antifascistas que tergiversan la historia tanto o más que los agitadores propagandistas. Desgraciadamente con el paso de los años, y la falta de relevo generacional, esta institución está llamada a desaparecer.

La apertura de los archivos de los países comunistas, ya por suerte desaparecidos los regímenes que les oprimían, también nos permitió recuperar gran cantidad de material sobre las unidades de voluntarios donde combatieron noruegos en la Segunda Guerra Mundial. Tuve el honor, y así me lo atribuyo, de ser el primero en visitar el Archivo Militar de Praga para buscar material sobre los noruegos, donde encon­tré varias cajas con material sobre la Legión Noruega que tras fotocopiar deposité en el INO, que a su vez lo ha entregado al Archivo Histórico Nacional noruego. Documentación para este trabajo también ha sido recopilado en los archivos alemanes sobre personal militar fallecido durante el conflicto; en el “Berlín Document Center” (hoy devuel­to a las autoridades alemanas) donde se custodió todo lo relativo a las unidades y personal que sirvió en la Waffen SS; además de otros archi­vos europeos (Bruselas, Roma, Copenhague, Estocolmo, etc.) Pero ante lodo los National Archives de Estados Unidos, siempre dispuestos a colaborar con los investigadores.

Pero si no publicaba todos mis descubrimientos corría el riesgo de convertirme en un mero coleccionista de recuerdos. Y esa tampoco es la misión del historiador. Por eso me dediqué a investigar y preparar un trabajo sobre una de las unidades más desconocidas de la Segunda Guerra Mundial. Si existe poco escrito sobre la Legión Noruega, incluso en noruego u otra lengua, menos había en castellano. La dificultad del idioma, el hecho de que Noruega sea un país que despierta poco interés (apenas si tiene cuatro millones de habitantes en total), y la eficaz propaganda de postguerra de los vencedores se coaligaron para rodear de un velo de misterio y sombras la participación de voluntarios norue­gos en el bando del Eje durante la contienda.

En mi periplo legionario he recibido colaboración de cerca de un centenar de veteranos, mencionaré tan sólo unos cuantos que me vienen en estos momentos a la memoria, algunos de ellos ya tristemente des­aparecidos:

Bjórn Ostring, jefe de las juventudes del Partido de Quisling y oficial en la Legión, uno de los mayores animadores para que escribiera su historia.

Knut Baardseth, legionario y después voluntario en el regimiento SS Norge hasta la batalla de Berlín, presidente durante muchos años del INO, verdadero artífice del archivo sobre los veteranos que hay en el instituto.

Frode Halle, SS-Sturmbannführer y comandante del Batallón SS de Esquiadores noruegos en Finlandia tras haber servido como oficial tanto en la Legión como en el regimiento Norge; autor de varios trabajos que dieron a conocer la tragedia de los voluntarios noruegos.

Olaf Lindvig, jefe de compañía legionaria, herido en varias ocasiones, jefe de las SS Germánicas.

Sigmund Knutsen, presidente de la asociación de veteranos legiona­rios, suboficial.

Sverre Kjelstrup, alférez legionario, hijo del fundador de la Legión y autor de varios trabajos sobre esta unidad y sobre el Batallón SS de Esquiadores noruegos, donde sirvió como oficial tras pasar por la Academia de Bad Tólz.

Sin ellos, y muchos otros, mi trabajo se habría basado en fríos documentos, pero tengo la suerte de haberme inmerso en la vida legio­naria, pudiendo “vivir” los recuerdos y los relatos de sus protagonistas.

En el apartado documental y archivístico, como ya mencioné antes, he podido disponer de un material inédito y que cubre gran parte de la historia de la Legión, desde el punto de vista de los alemanes (el archivo de la Plana Mayor de Enlace alemana, descubierto en Praga) y de los noruegos (INO dispone de la documentación e informes de la Plana Mayor legionaria de Oslo y de memorias de los protagonistas). Ello unido a numerosas memorias y diarios inéditos de voluntarios, que han puesto a mi disposición así como sus recuerdos (tarjetas de felicitación, cartas a casa, cartillas militares, recortes de prensa, etc) que fueron recopilando durante su estancia en la Legión SS Noruega. Tampoco debe olvidarse la importancia de la prensa, en noruego y alemán, que a diario incorporaba artículos sobre los voluntarios noruegos en el frente del Este. INO dispone de colecciones completas de dicha prensa en su hemeroteca. Sin la colaboración del INO de Oslo este libro habría resultado necesariamente incompleto y debo agradecerles su inestimable ayuda.

Con todo este bagaje, mi primera aportación consistió en traducir, con la ayuda y permiso del autor, una breve historia de la Legión Noruega, que apareció en dos entregas en 1989 en la revista Feldgrau de Cádiz, dedicada al coleccionismo militar. El autor era Sverre Kjelstrup, hijo del fundador de la Legión y él mismo oficial de la Waffen SS, por lo que tenía mucho que narrar. Recuerdo como muchos lectores se extrañaron al saber que había una unidad de noruegos, comandados por noruegos, pero vestidos con uniforme de las SS que habían combatido en el Frente del Este. Más les sorprendió saber que fue una compañía de esta Legión Noruega la que combatió con los españoles de la Divi­sión Azul en la épica batalla de Krassny Bor en febrero de 1943. Pero teníamos mucho más en común: tanto los divisionarios, fueran un cam­pesino gallego o un marino andaluz, como los legionarios noruegos, campesinos y marinos también muchos de ellos, habían partido todos hacia el Frente del Este con una misma meta: derrotar al Comunismo. Intentar hoy distinguir entre los que fueron o no fueron “nazis” es irrelevante cuando se estuvo en la misma trinchera. Después escribí sendos libros sobre los noruegos que combatieron en Finlandia, encuadrados con otros europeos (Sangre en la Nieve, 1996) y en la división Nordland (Raza de Vikingos, 1997), ambos aparecidos en la misma colección donde aparece este trabajo hoy. Me quedaba, pues, una deuda de reconocimiento hacia los primeros voluntarios, a los que se encuadra­ron en la Legión Noruega que sirvió de tronco y primera unidad para los que después encontraremos en otras unidades.

Entre 1941 y 1943 la Legión Noruega escribió una página de honor en la historia militar y política de Noruega, un país que casi nunca había estado en guerra con nadie y tiene pocas batallas entre sus capítulos históricos. Se puede considerar que su eficacia militar (si la comparamos con otras unidades de la Waffen-SS) fue ciertamente limitada, pero su misión era distinta. La política alemana en cuanto a las legiones naciona­les de voluntarios anticomunistas era la de mantenerles en frentes estáti­cos, de poca actividad, donde las bajas fueran limitadas y las posibles carencias organizativas (y de material, no lo olvidemos) no fueran tan graves. La experiencia demostrará que fue una decisión equivocada, pues el número de bajas fue muy elevado, la moral de los soldados cayó y los oficiales nacionales -que no habían estado en el frente antes muchos de ellos- no dieron la talla en cuanto a pericia profesional, aunque supieron demostrar un valor inusual.

Así pues, Himmler, aconsejado por sus asesores en la cuestión de los voluntarios germánicos, decidió a principios de 1943 disolver estas uni­dades, evitar la concentración nacional (es decir voluntarios de un mis­mo país en una misma unidad) y crear un cuerpo de oficiales y jefes de estas nacionalidades mediante el envío de miles de voluntarios no ale­manes a las academias de oficiales de la Waffen SS, preferentemente a Bad Tölz en Baviera. La historia demostraría que el “Reichsführer” no se equivocó pues el número de bajas descendió comparativamente -aunque aumentaría en cifras absolutas, a la par que la eficacia rusa aumentaba-, los oficiales no alemanes instruidos en las Academias SS asumían puestos de mando incluso de unidades SS alemanas, los éxitos propagandísticos en los países ocupados mejoraron.

La odisea de la Legión Noruega transcurre en tres etapas claramente diferenciadas en lo cronológico y en lo organizativo. La primera etapa, antes de partir hacia el frente, de organización e instrucción entre junio 1941 y febrero 1942. Una segunda, ya en el frente de Leningrado, que va desde febrero de 1942 hasta marzo de 1943. Y la tercera y última, en la que la unidad es disuelta y sus efectivos vuelven a la Patria o se reenganchan en otras unidades de voluntarios. A la Legión le seguirán unidades míticas de este ejército paneuropeo que fueron la Waffen-SS donde servirán noruegos: el Regimiento SS Norge, el Batallón SS de Esquiadores noruegos en el frente de Finlandia y los que se quedaron en la división Wiking.

Cuando la guerra finalizó los noruegos prefirieron olvidar que hubo “Otra” Noruega, aparte de la oficial, que se presentaba como resistencialista y pro-Aliados. El 8 de mayo de 1945 el país se despertó “libera­do” de la ocupación alemana y al mismo tiempo todos se apresuraban por colgarse medallas de resistentes, mientras que los miembros del partido de Quisling eran encarcelados y perseguidos, especialmente los que habían sido voluntarios de la Waffen-SS. Nadie quería recordar que mientras los caídos noruegos en el bando aliado apenas llegan a unas decenas, los caídos noruegos vistiendo el uniforme europeo de la Waffen SS son más de un millar; que mientras los voluntarios noruegos en el bando aliado, bien en Inglaterra, bien en Suecia (otra de esas historias que habrá que escribir algún día, la de la supuesta neutralidad sueca) disfrutaban de todas las ventajas y privilegios, sus compatriotas en el frente del Este vivieron las batallas más sangrientas jamás contadas en la historia militar mundial: noruegos encontramos en Tcherkassy, en Stalingrado, en Narwa, en Ucrania, en Budapest, en Berlín. No es pues una casualidad que hoy en las academias militares noruegas la historia de los Frontkjemper (combatientes del frente) como se les llama, sea hoy asig­natura obligada para todos, aunque oficialmente no se les pueda admi­rar, pues, al fin y al cabo eran unos “traidores”. Pero eso lo deberán juzgar ustedes mismos y creo saber cuál será la respuesta.

Erik Norling Fuengirola (Málaga),

Noviembre 2.000

Nota final: Para la transcripción de los topónimos rusos se han utilizado los nombres y ortografía utilizada por los alemanes en sus documentos de época. Así no debe sorprendernos que puedan aparecer en algunos trabajos con la transcripción literal del ruso, por ejemplo Pskov, mientras que los alemanes utilizaban Pleskau, o que algunos lugares la ortografía no coincida: Urízk, Ourizk, Uritzk.

Información adicional

Peso 285 g
Autor

Erik Norling

Pasta

Blanda

Paginas

231

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