El Sol Negro

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México 240 MXN

 

 

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Descripción

Enmarcado en el pensamiento de la Tradición Perenne, y sin menospreciar sus relaciones con el Nacionalsocialismo, el autor nos regala valiosas investigaciones y reflexiones sobre un esoterismo que no olvide sus deberes para con la vida. Para él, «El mundo no es una mera cárcel del espíritu. La existencia sólo es cárcel para aquel que por insuficiencia ante ella permite ser encarcelado. No existen cárceles para quien se impone. El cuerpo puede ser una carga insostenible para un pusilánime; un medio de manifestación, lucha y superación para un hombre». Estas líneas, en el pensamiento «esotérico» de muchos sufrelotodos, son revolucionarias.

Ningún título es más apropiado para esta obra que el de Sol Negro, precisamente porque el Sol Negro representa la fuerza interior, aquello en lo que un árbol echa raíces y, en cierto modo, la energía de la Madre Tierra y del cuerpo, que debe ser armonizada con la del Padre Cielo y del espíritu.

Antes de dar la bienvenida a tiempos más duros, más turbulentos y más justos, que se ciernen ahora sobre las naciones occidentales, debe crearse una nueva mentalidad y, si se quiere, una nueva religión, en la que la Tierra, el cuerpo y la materia no sean objeto de desprecio y miedo, sino una academia y un templo para el espíritu. Valga este libro como un grano de arena más en esa inmensa labor.

PRÓLOGO

Cualquiera que se haya molestado en meditar mínimamente sobre la Historia, el mundo y el Universo todo, percibirá, inevitablemente, dos fuerzas que se enfrentan con aterradora testarudez. Una de esas fuerzas desciende de «lo alto» y se identifica con lo luminoso, lo solar, lo celeste, lo espiritual, lo olímpico, la voluntad, el símbolo del águila, el centro del círculo y lo «ultravioleta» y divino que se halla por encima de lo que los sentidos meramente físicos pueden percibir. La otra fuerza asciende desde «lo bajo» y se identifica con lo oscuro, lo lunar y nocturno, lo terrenal, lo material, el submundo, el instinto, la serpiente, el exterior del círculo y, en suma, lo «infrarrojo» y demoniaco que se halla por debajo de lo que los sentidos pueden percibir. Entre ambos territorios —centro y  exterior,   dentro  y fuera,  encima y debajo, inmortalidad y muerte— se crea una tensión vital que es vida, movimiento y actividad: son los doce rayos del Sol Negro.

Todo cuanto vemos recibe infusión de vida gracias a este «voltaje» que media entre dos polos, cuanto más extremos, mejor, ya que el verdadero equilibrio no se fundamenta en un mediocre término medio gris, sino —como en un tablero de ajedrez— en el juego, a veces sutil y a veces grosero, entre el bando blanco y el bando negro, lo cual produce entre ambos una «delgada línea roja» donde tiene lugar la inevitable transformación. Mas ¿cómo tiene lugar la lucha entre estas dos potencias? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo se mezclan y cómo fluyen estas fuerzas en el mundo? ¿Qué efecto tienen en el ser humano? ¿Es necesario separar ambas corrientes antagónicas como buscaban el orfismo y el maniqueísmo? ¿Conciliarias como hacía el dionisismo? ¿Debe el espíritu ser reintegrado en la materia y hacerse fuerte en la misma al estilo del mens sana in corpore sano’? ¿Cómo terminará la lucha y qué objetivo ha tenido? ¿Qué modos han tenido las diversas mitologías de expresar estos asuntos simbólicamente? ¿Está el ser humano llamado a ser un conductor de fuerzas entre el «cielo» y la «tierra», y en el cual ambos polos encuentran al fin su compatibilización y su reconciliación definitivas? ¿Es el amor físico entre un hombre y una mujer la manifestación suprema de la voluntad creadora de reintegración espiritual-material? ¿Es la lucha física violenta otra manifestación de la fuerza de la vida, y una vía válida de ascensión y auto-perfeccionamiento?

El autor ha sabido, en el tratamiento de estos temas, conjugar la razón con la intuición, la lógica con el instinto, la prudencia con la pasión y el cerebro con el corazón. No renuncia tampoco a la formación intelectual mostrada en cada página, y que denota una sólida formación en esoterismo, con lo cual es capaz de proporcionar variedad de datos que dotan de consistencia el visceral mareo que presenta.

Pienso, por tanto, que la visión que nos puede ofrecer el autor es más amplia, completa y auténtica que la mayoría de visiones de esoterismo que se han dado hasta ahora, que demasiado a menudo adolecen de un aborrecimiento y desprecio hacia la materia y que, en el fondo, denotan un profundo disgusto del espíritu en el seno del cuerpo y de la persona en el mundo. La vida sobre la Tierra, efectivamente, se caracteriza por ser una envoltura material del espíritu, pero si eso es malo y el mundo no es más que un «valle de lágrimas», la vida no tiene sentido, nunca debiéramos haber encarnado y deberíamos acaso suicidarnos todos para «liberar» al espíritu de la «opresión» mundana. Tal postura, además de ser una verdadera majadería y un atentado contra la vida, es nihilista, y desemboca inestablemente en despreciar el papel de la sangre y la herencia biológica (que ya se sabe que son cosas materiales) y, por tanto, la importancia de cualquier raza que no sea una «raza del espíritu».

Y es que, como bien dice el autor: «el mundo no es una mera cárcel del espíritu. La existencia sólo es cárcel para aquel que por insuficiencia ante ella permite ser encarcelado. No existen cárceles para quien se impone. El cuerpo puede ser una carga insostenible para un pusilánime; un medio de manifestación, lucha y superación para un hombre». Estas líneas, en el pensamiento «esotérico» de muchos sufrelotodos, son revolucionarias. Y es que la Providencia nos ha colocado en el tablero de ajedrez, donde pasaremos unas décadas. El autor dice: no te pases esas décadas añorando el Cielo; seas peón, torre o rey, ponte a funcionar y toma parte en la partida que te ha tocado, pues el árbol que quiera proyectar sus ramas al cielo y al sol, antes deberá echar raíces profundas en una tierra sólida y áspera, allá donde, en ausencia total de luz, brotó en primer lugar la semilla caída.

La perspectiva del autor es, pues, en comparación con otras visiones hippiescas o candidas del esoterismo, más vital, más alegre, más juvenil, más guerrera, más militar, más dionisíaca más nietzscheana.

Aunque le corresponde al autor desarrollarlo y al lector interpretarlo, creo que ningún título es más apropiado para esta obra que el de Sol Negro, precisamente porque el Sol Negro representa la fuerza interior, aquello en lo que un árbol echa raíces y, en cierto modo, la energía de la Madre Tierra y del cuerpo, que debe ser armonizada con la del Padre Cielo y del espíritu.

Antes de dar la bienvenida a tiempos más duros, más turbulentos y más justos, que se ciernen ahora sobre las naciones occidentales,   debe  crearse  una  nueva mentalidad y, si se quiere, una nueva religión, en la que la Tierra, el cuerpo y la materia no sean objeto de desprecio y miedo, sino una academia y un templo para el espíritu. Valga este libro como un grano de arena más en esa inmensa labor.

N.T.

Información adicional

Peso 325 g
Pasta

Blanda

Paginas

251

Autor

Alejandro Arocha