El cordón dorado (Hitlerismo Esotérico)

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Author: Miguel Serrano
Categoría: Etiqueta: Product ID: 2810

Descripción

La vinculación del hitlerismo a una tradición milenaria, necesariamente esotérica y, en todo caso, sugerente, es una tesis que Miguel Serrano enunció en Chile con mucha anticipación al “Retorno de los Brujos” de Louis Pauwels. Tras años de investigación, experiencias místicas en la India y entrevistas con las personalidades más interesantes del siglo –Hermann Hesse, Jung, Ezra Pound, Otto Skorzeny, Léon Degrelle- el autor nos ofrece en «El Cordón Dorado» esa primitiva intuición en delirante despliegue. Gnósticos, cátaros, rosacruces, caballeros templarios, caballeros de la Orden Thule, jerarcas ocultos del Nacionalsocialismo peregrinan por las páginas de este libro fantástico, encontrándose en insospechados monasterios y castillos librando batallas astrales cuyos ecos recoge la historia y que se deciden según el sentido de la swástika, símbolo que aparece inexplicablemente en épocas y culturas aparentemente ajenas entre sí.

INTRODUCCIÓN

Lo que el maestro me dijo

Me parece que los años no han pasado; sin embargo, han pasado. Me parece que no he envejecido. Poco a poco he ido realizando mi obra, como si alguien me dirigiera. Por si los años realmente hubieran pasado, por si en efecto hubiera envejecido, deberé dejar testimonio de ciertas cosas que sé y que ningún otro tiene en el desván, guardadas durante más de treinta años, pero nuevas, como de ayer, sin comunicar, sin usar hasta el presente. Se trata de la última Gran Guerra, que fue tan grande como la del Mahabharata, y más aún, porque señala el final de los tiempos, de todo un Manvantara, cósmico y terrestre. Quien pretenda  considerar esa ntragedia como una Guerra Mundial más, no ha entendido nada de lo acontecido. Los que la vivismos, aún en ‘el último rincón del mundo’, hemos sido marcados en las esencias y nunca podremos olvidar.

Cuando la guerra terminó, hace treinta y dos años, era más fácil hablar libremente y decir lo que se pensaba. Hoy, la atmósfera es densa, las sombras ahogan, las cadenas impuestas por los vencedores se multiplican y la  verdad, o la luz, ya ha desaparecido; nadie se atreve a decir aquello que aún fue posible ver y decir hasta cinco años después de terminada la espantosa catástrofe. Los jóvenes nacidos entre los tiempos son espíritus débiles (les gusta ser llamados ‘hijos de Acuario’), amasados, ablandados (no por las aguas de Acuario precisamente), puestos al margen por la educación dirigida, por la propaganda, por la información mediatizada y por la droga, el ‘amor universal’, las ‘flores’, la música del final de la Lemuria, o por un terrorismo sin grandeza, sin Olimpo, sin luz de dioses. Si más allá de las conciencias diurnas, en el inconsciente, o en un superconsciente colectivo, pudiera aún captarse algún reflejo de verdad heroica y viril, en medio de tanta insidiosa propaganda y literatura comprometida con el demonio de la estupidez, para los que sean capaces de ese esfuerzo, voy a hilvanar estas páginas. Y para los excombatientes, mis camaradas, prisioneros y torturados en todos los Cáucasos del mundo.

Mi revelación no será anticuada, aún cuando haya permanecido en un desván viejo de más de treinta años; porque la guerra no ha llegado a su fin y porque hacia delante no hay más tiempo; sólo hay hacia dentro, hacia arriba, o hacia abajo. Únicamente habrá tiempo en la comprensión de lo acontecido. Y el hecho mismo de que hoy sea más difícil hablar que ayer y que el miedo del vencedor vaya siempre en aumento, prueba que nada ha terminado y que todo está pendiente, como antes de que sucediera. Y por ello las razones que aquí revelaremos.

Hitler, un iniciado

En ‘Ni por Mar ni por Tierra’ y en ‘La Serpiente del Paraíso’ he contado cómo llegué a encontrarme con mi Maestro y fui iniciado. No insistiré en el tema. Básteme decir que jamás he dejado el sendero, aunque siguiéndolo a mi manera, en medio de muchas dificultades, debiendo sobrevivir en lucha continua conmigo mismo. La Orden es de guerreros. Y mi lealtad al Maestro es de por vida y más allá de la vida.

Algo que nunca he dicho es que fue el Maestro quien nos puso esotéricamente junto a Hitler en la Gran Guerra.

El Maestro nos dijo: ‘Hitler es un iniciado, puede comunicarse en astral. Desconozco quiénes son sus Guías, pero he decidido ayudarle. Hitler es un ser de voluntad inquebrantable, definitivo, una vez que ha recibido orden de actuar. Jamás vuelve atrás. He estado en comunicación con él’.

Otro día nos explicó que Hitler tenía por misión transmutar el Destino, en el vértice de los tiempos, dando a la tierra el impulso necesario para su mutación, su transfiguración, que haría posible vencer la entropía física, remontando el Kaliyuga, o Época Oscura, de Hierro; la transmutación de todos los valores, única posibilidad de sobrevivencia. Hitler era el vehículo a través del cual pasaba un rayo del Espíritu. En la iniciación había recibido la fuerza del Vril, la energía victoriosa de Hvareno,o Farr. Contra él se desencadenarían todas las fuerzas de las sombras y de la muerte, de la inercia, de los elementarwessen, de los seres elementales. Por eso teníamos que ayudarle. La Guerra iba a ser de dioses y demonios. Una Guerra Cósmica, reflejada y dramatizada al máximo en la Tierra.

Cada uno de nosotros ayudó a su manera. Yo edité una revista, ‘La Nueva Edad’, y en ella dejé vislumbrar algo de todo eso. Veinte años más tarde, cuando los archivos de los procesos de Nüremberg fueron abiertos a los investigadores, la sorpresa se ha apoderado de muchos; sin embargo, las raíces secretas  permanecerán ignoradas. El Maestro, una vez más, ha sido confirmado.

Cuando el libro ‘El Retorno de los Brujos’, de Louis Pauwels y Jacques Bergier, fue publicado, despertó gran inquietud y curiosidad, aún en los marxistas. Por ese tiempo era yo Embajador en Yugoslavia, y fue el Secretario General del Partido Socialista chileno, Raúl Ampuero, amigo de Barreto, el ‘Jasón’ de mi ‘Flor Inexistente0, quien me habló en Belgrado de esa obra y de sus revelaciones sobre el Hitlerismo Esotérico.

Luego, Eugenio Gonzáles, a la sazón Rector de la Universidad de Chile, espíritu selecto, ecuánime y profundo, socialista también, me buscó en una de mis visitas a Santiago para conversar sobre las revelaciones de ‘El Retorno de los Brujos’. Recordaba que veinte años antes yo las había adelantado en mi revista de combate. ¿Era eso cierto? ¿Era posible? ¿Cómo lo había sabido yo en esos tiempos?

El Maestro ha sido siempre confirmado. Nunca se equivocó. Con cinco años de antelación me dijo lo que le sucedería a nuestra patria: ‘Chile llegará al fondo de la miseria y, desde allí, se levantará nuevamente hasta ponerse a la cabeza de las naciones de América.’ En aquellos momentos pudo parecer una afirmación sin sentido. Pero él nunca declaró algo que no se cumpliera.

Corroborados por los astros y por el Destino, no podremos jamás decirnos, ni volver atrás, ni regresar de nuestras posiciones en el combate, en la Gran Guerra Cósmica de los mundos. A la Guerra le debo mi iniciación. Al Maestro el conocimiento del Hitlerismo Esotérico. El Maestro nunca cambió de opinión. Si lo hubiera hecho, o me lo hubiera ordenado, yo le habría obedecido. Pero no lo hizo. Nunca dijo que hubiésemos estado equivocados.

Al abrirse los archivos del proceso de Nüremberg, escritores franceses han comenzado a publicar libros sensacionalistas, al estilo de ‘El Retorno de los Brujos’, llenos de inexactitudes, pero que se refieren al tema.

Estas obras no se traducen a otros idiomas, salvo algunas editoriales españolas. Los anglosajones las ignoran, o pretenden ignorarlas, porque son los que más saben. No desean que otros puedan sospechar. Los alemanes no cuentas, con el pie del enemigo en la garganta, con una educación y una propaganda dirigidas hasta en sus menores detalles, a fin de privar a la nuevas generaciones de su tradición, de su verdadera historia. Los italianos jamás se liberaron de la garra vaticana, que les ha marcado a fuego el alma con el Index y que les empuja hacia el marxismo, su verdadero ‘hijo del hombre’.

Por esto, porque no se publica, ni se transmite universalmente lo publicado, anexaremos a este libro una extensa bibliografía con las obras que tratan el tema, escritas su mayoría con intención aviesa, por enemigos declarados del hitlerismo, pero que no se pueden dejar de mostrar, pese a todo, su enorme desconcierto, su fascinación y terror ante lo que definen como ‘socialismo mágico’, ‘realismo  mágico’.

Vamos a comentar y transcribir a menudo párrafos de obras que demuestran la preocupación por el misterio que se encubre detrás del drama.

Cómo era realmente

Adolf Hitler es uno de los personajes más extraños de la historia conocida sobre la tierra. Si sobre Jesús se ha dudado que alguna vez haya nacido, sobre Hitler hay dudas de su muerte. Si del primero no existen testimonios históricos comprobados, fuera de la leyenda evangélica, que, de un modo u otro se encuentra dentro del grandioso edificio construido por Pablo, quien nunca le viera en ‘carne y huesos’, sobre Hitler existen testimonios aún vivos de quienes le observaron y tocaron. Además, hay millones que pudieron contemplarle en el cine, admirándose de su extrañísima apariencia, de su imagen desconectada, como de otro planeta.

Durante mis diez años en India, vi yogas, místicos, magos, hombres fuera de lo corriente, pero todos ellos semejaban a los humanos. Aún mi Maestro era ‘humano, demasiado humano’. Hitler no. Era sobrehumano, o inhumano. No era de aquí. Mi primera impresión la tuve hace muchos años, al encontrarme de pronto, en una vitrina de una calle céntrica de Santiago, con una foto de Hitler. Llevaba capa y su actitud era tan poco natural, más bien ridícula, con una mirada intensa, como tratando de impresionar a alguien, a un mundo desconocido, extraño a él. Tenía bigotillo pegado sobre el labio superior y las manos se crispaban una encima de la otra; tieso, como palo de escoba, para usar la expresión de C.G. Jung, quien le comparaba a un espantapájaros. Mi primera impresión fue así de rechazo, desagradable y risible. De seguro, como la habría experimentado Pablo si en su caso hubiese existido la imagen, si también le hubiera visto. Después, todo cambia, ya no se sabe más, todo se transfigura.

Aquellos que estuvieron con Hitler, como Otto Slorzeny, Leon Degrelle, Hanna Reitsch y otros, con quienes he conversado, mantienen impresiones contradictorias, haciéndonos ver que nadie le conoció verdaderamente (salvo Rudolf Hess, quizás), porque a cada uno se le presentaba de modo diferente, guardando celosamente su secreto. Excepción hecha de mi Maestro, quien le viera en astral, donde nadie puede ocultarse ni disimularse.

Y su impresión ya la hemos descrito: Un ser de voluntad de acero, un vehículo de un rayo de otro mundo, de una energía transmutadora de la tierra y de la humanidad. Para llegar a ser un agente de esta especie, Hitler se hizo naturista y era casto. Por ello debemos pensar que las relaciones con Eva Braun fueron como las de Jesús con Magdalena, en la leyenda crística, como las del alquimista con su soror mística, o las de un guerrero cátaro con su amaxia uxor, su Esposa Espiritual. La presencia de la mujer, de su energía telepática, comunicante (como, a la inversa, lo es la del rey con la reina de las termitas), las tensiones que despierta, son necesarias para un mago tántrico, para un vehículo de esta clase.

Mas, de seguro, la Esposa Mística de Hitler no fue Eva Braun, sino otra. Así como la primera compañera de Adán tampoco fue Eva, sino la misteriosa Lilith, o Haisha, Ayesha, la Mujer Interior, la que aún no ha salido, o la que ha vuelto, o la que estado siempre afuera. Eva es aquella presencia extraña, concomitante, que apareció subrepticiamente, de improviso, como un ‘ladrón en la noche’ y se apropió del Rostro de la Predestinada. Es muy posible que aquí se encuentre la prueba decisiva para el iniciado. Su derrota sería, entonces la traición a Lilith-Ayesha, a la muerta-desaparecida, aceptando a Eva, la furtiva, la de carne y huesos corruptibles y que toma el lugar de la Esposa Mística. Se conoce que Napoleón es dejado por los astros cuando abandona a Josefina y Jasón cuando es infiel a Medea. En algún registro del Universo hay señalada una sola Esposa Espiritual para cada héroe, para cada mago. Y el que la abandona, será a su vez abandonado.

Lo que pudo ser

Al comienzo de la guerra, el Maestro nos dijo: ‘He visto a los ejércitos de Hitler invadir Inglaterra. Llegaban hasta el palacio real y hacían prisionero al rey.’

Esto permanecía entonces escrito en la Memoria Akhasica, en su no tiempo, en el Círculo del Eterno Retorno.

Pudo ser, debió ser. Estaba permitido. ¿Por qué no sucedió? Hoy sabemos que Hitler impidió a sus generales avanzar hasta Dunkerque, arribando antes que las tropas inglesas en retirada, cercándolas y destruyéndolas. La guerra habría terminado, los ingleses estaban inermes en las islas. ¿Quién convenció a Hitler, quién se lo impidió? Skozerny refiere, en su libro ‘La Guerra Desconocida’, la traición del Almirante Canaris. André Brissaud, en su obra sobre este almirante. Jefe del Contraespionaje de las Fuerzas Armadas alemanas, relata su doble trabajo a través del hijo de Haushofer, quien influía en Hitler a través de su discípulo Rudolf Hess, convenciéndole de no invadir Inglaterra. El argumento se apoyaría en la leyenda hiperbórea: Inglaterra era aria, un resto del continente hiperbóreo, tierra de Merlín, del Gral, de los caballeros de la Mesa Redonda, la Engeland de Meyrink y de Jonh Dee el alquimista, la ‘Tierra de los Angeles’, de los Tuathas de Dannan, la Tierra de los Muertos de la Sacra Tule. Hecatae de Abdera, 400 años antes de nuestra época, ser refiere a las Islas Británicas como Hiperbórea y a Stonehenge como el ‘templo redondo dedicado a Apolo, quien visitaba Hiperbórea cada diecinueve años, cuando las estrellas completaban su revolución’. Inglaterra sería la potencia marítima de la raza blanca y Alemania la potencia terrestre. Hitler envía al iniciado Rudolf Hess a establecer el Pacto Sagrado con los restos de Hiperbórea.

Existen ya pruebas de todo esto.

El cuerpo astral

Paracelso utiliza la expresión ‘Cuerpo Astral’ para señalar la entidad que en el hombre recibiría la influencia y energía de los astros.

Este cuerpo sutil fue llamado Eidelon por Agripa. Al igual que el alma, perece si no se une al Espíritu. Es el trabajo de la Iniciación. Los magos y ciertos iniciados pueden proyectar esa entidad fuera del cuerpo físico, ‘materializándolo’. Los tántricos llaman a este ‘cuerpo’ Lingasaira y los sankyas, Sushnasarira. René Guenón dice que el hombre habría sido creado en varios mundos a la vez, habla de ‘vidas paralelas’, además de ‘mundos paralelos’, de ‘racimos de vidas’ instantáneas, que se estarían viviendo al mismo tiempo, aún cuando, por lo general, somos concientes de una sola. Los Tulkus las vivirían todas concientemente. (Más adelante nos referiremos a la doctrina tibetana del Tulku).

Para el hombre corriente, las secuencias de la conciencia serían la ‘reencarnación’ y también el «Anillo del Eterno Retorno», la vida y la muerte. Para el Tulku no; está en todas partes a la vez, concientemente en todos los mundos paralelos.

El Maestro veía a Hitler en ‘Cuerpo Astral’, como hemos dicho. Y Hitler le veía también. Un día me contó:

«Fui muy alto, a la cima de una montaña, donde hay una casa de piedra. Dentro, mirando con un catalejo, a través del vidrio del ventanal, estaba Hitler. Me vio llegar y me hizo señas, con una mano para que me alejara:

‘Viajero, sigue tu camino’, me dijo».

Otro día el Maestro me reveló el hecho quizás más extraordinario y que debería marcar el momento definitivo del drama: «Me vi de pronto frente a Hitler», me explicó. «Estaba muy cerca, de manera que tenía un rostro frente al mío. Agitando el índice de mi mano derecha, casi rozándole, le decía en tono enérgico: ‘Usted llegará hasta la reivindicación de sus colonias y no dará un paso más’. Esto último se lo repetía: ¡Y no dará un paso más!».

Eran los tiempos en que Hitler había vencido a Francia, invadido los países nórdicos y detenido sus ejércitos al borde del Canal de la Mancha y de los Pirineos, tratando de conseguir inútilmente de Franco (que participaba de la traición de Canaris) el paso hacia Gibraltar. Con mi Maestro, meditábamos sobre el significado de la admonición. Me parecía absurda la referencia a las colonias, al nivel de un tema tan trascendental. Muy pronto la incógnita sería despejada: Rudolf Hess voló a Inglaterra y Hitler atacó a Rusia.

Sobre el increíble vuelo de Hess, hoy sabemos que ofreció el retiro de Alemania de todos los territorios ocupados al Oeste, la preservación del Imperio inglés y de su potencia marítima. Pedía sólo la devolución a Alemania de sus antiguas colonias africanas. Se preparaba la gran cruzada hacia el Este, el retorno a Asgard, a Tule, a la Patria Primigenia, yendo a través del Paraíso de los Ases del Cáucaso. El Gran circuito Polar de la Svástica Dextrógira. El símbolo del Retorno a la Época Solar y del fin de la involución del Kaliyuga.

Mas, para esto era ya tarde, o demasiado temprano. No estaba permitido. ¿Qué pasó? ¿Por qué Hitler desobedeció? Una vez consulté a Skorzeny sobre la decisión del ataque a Rusia. Para él no cabían dudas, era inevitable y necesario, estaba de acuerdo con la temática del nazismo. El pacto con Rusia, en cambio, había impuesto una extrema tensión mental a los dirigentes, siendo una contradicción a los fundamentos del nacionalsocialismo. Esto era evidente para el Führer.

Sin duda, pero insisto, era demasiado tarde, o demasiado temprano. Tarde, porque no se invadió Inglaterra; temprano, porque no se podía combatir en dos frentes, lo que también venía a ser una contradicción con principios declarados… Siempre que se deseara ganar físicamente la guerra.

Sueño con Stalin

La noche de la invasión a Rusia tuve un sueño, casi una visión. Vi a Stalin asomado en un balcón. Abajo, en un aplaza, se agrupaba una muchedumbre. Stalin hacía un gesto con su mano, como un sacerdote, o guía, abatido, temeroso del futuro. Vacilaba. Este sueño me impresionó. Dos veces he soñado con Stalin durante la guerra. La segunda fue casi al final. Le veía consultando, con sus ayudantes, archivos sobre la organización del Vaticano.

Un hecho que nunca se menciona es que, siendo seminarista, Stalin vivió por un tiempo en Roma con los jesuitas. ¡Siempre los jesuitas! También Wiesshaupt, fundador de los iluminados de Baviera, estudió con los jesuitas. Los iluminados tuvieron gran influencia en Lenin; sus tácticas y principios son aplicados en la revolución rusa.

Me sucede, en ciertas ocasiones, que no necesito ver los hechos, ni estar presente, para saber cómo han sucedido. En relación con el tema de la guerra, recuerdo que, poco después del ataque a Rusia, me encontré en la calle, con mi tío, el poeta Vicente Huidobro. Caminamos un trecho juntos y el argumento de nuestra conversación recayó inevitablemente en el conflicto. El estaba contra Hitler. Con la vehemencia que le caracterizaba, se detuvo un trecho para decirme: «Hitler es el único que no sabe que ha perdido irremisiblemente la guerra». Y había tal convicción en sus palabras, que tuve la certeza de que él venía de algún sitio donde se lo habían asegurado, porque ya lo sabían. Y fue como si yo hubiera estado allí y hubiera escuchado también. Se trataba de una Logia masónica, donde se le explicaría que el pacto mundial contra Hitler se había sellado y todos los resortes en manos del judaísmo, en este mundo y en los otros, entraban a funcionar fatalmente, irreversiblemente. Incluían la Masonería Internacional, las Iglesias católicas y protestantes, los rotarios, la Cruz Roja, el socialismo, el comunismo, todo el mundo democrático y el gran capital. Hitler estaba perdido, el frente del enemigo era gigantesco, invencible, dirigido, además, por fuerzas extraterrestres, por el Príncipe de la Esclavitud y de las Sombras.

Años antes, Vicente Huidobro me había insinuado entrar ala Masonería. En su pecualir manera de expresarse, me ofreció: «Si te portas bien, Miguel, te llevaré donde te darán el triunfo.» Sin que me lo explicara también supe de lo que se trataba. Curioso, curioso, porque Huidobro era un espíritu rebelde, de un orgullo casi satánico, que no obedecía órdenes, ni necesitaba ayuda de esa especie. Intentó así cambiar su registro cósmico, el de su sangre. Y esto se paga con la muerte del Espíritu de la Raza. ¿Será algo semejante lo que le sucedió a Hitler, al desobedecer? ¿Intentó un cambio en la dirección de un astro, entrando a depender de otro, del cual no provenía (el del tibetanos o japoneses), del que no caía el rayo que por él pasaba? ¿O bien Medea lo había abandonado y ya no podría conquistar el Vellocino de Oro en las cimas del Cáucaso?

Un misterio hasta hoy impenetrable es la relación del hitlerismo con el Tibet, con la Mongolia y con una India que no es la que corrientemente se conoce. Una India anterior, subterránea. Los caballeros Teutones y los Barones bálticos (Rosenberg era un báltico) trataron de seguir el camino del retorno de la Svástica Dextrógira, como el barón Ungern von Sternberg, de quien nos habla Ossendowsky en «Bestias, Hombres y Dioses», y también el Donde de Keyserling, otro báltico, en varios de sus libros.

En 1926 se establecen en Munich y Berlín colonias tibetanas e hindúes. En la última batalla de Berlín, tibetanos e hindúes luchan junto a los SS. Se afirma que las revelaciones sobre judíos y gitanos vienen del Tíbet. Es posible que tibetanos y mongoles estuvieran a cargo, como guardianes, en la superficie terrestre, de

las entradas al mundo subterráneo de Agarthi y Shamballah, refugio de los grandes Guías hiperbóreos.

En verdad, Shamballah es KAMBALA (K. B. L.), centro del hitlerismo esotérico. Su entrada estuvo por Shigatse o por Gyangtse. Mis investigaciones me han llevado a creer que por allí se encontraba también nuestro Centro. Entonces, las relaciones del hitlerismo no eran directamente con los tibetanos o con los mongoles, sino indirectamente, mientras éstos le facilitaban el contacto, el paso y los mensajes físicos con los hiperbóreos del mundo sumergido. Aquéllos eran sus servidores (¿fieles?) guardando los puntos mágicos de acceso. Espero que allí no se haya producido una confusión provocada, pasándose mensajes falsos, adulterados. En todo caso, tibetanos y mongoles son hoy esclavos de potencias sombrías del mundo externo, tras le pérdida por el hitlerismo de una etapa de la Gran Guerra. Alguna razón profunda habrá para ello.

En mis visitas a Berchtesgaden siempre me ha llamado la atención una vibración telúrica, algo en el aire que conecta instantáneamente ese punto de los Alpes con los Himalaya y Transhimalaya tibetanos; el alto refugio de Hitler, con Lhassa del Dalai Lama, con Kambala. Por algo, el hitlerismo esotérico eligió ese punto terrestre, lleno de conexiones directas, de vibraciones magnéticas y estelares, como centro sacro de su Nuevo Orden, evitando realizar allí el combate físico final, que pudiera dañar esos parajes. Berchtesgaden estaba casi todo horadado por túneles y pasillos subterráneos. El observador intuitivo notará una gran diferencia entre las alturas de Berchtesgaden y cualquier otro lugar de los Alpes austriacos o de Suiza. No existe comparación posible. En cambio, hay similitud con Montsegúr, aún en la ubicación del castillo de los cátaros y del Nido de

Águila de Hitler, en la cumbre de una empinada montaña.

Hay que recordar, además, que el hitlerismo esotérico llamaba significativamente a este refugio Gralsburg, o sea, Castillo del Gral. También en Montsegúr hay conexión ‘instantánea’ y ‘directa’ con el Tibet.

Existen una geografía y una geometría sacras, secretas, en oculta correspondencia con una arquitectura también sacra, como fue la de los templarios, por ejemplo, y la de Hitler que, desgraciadamente, no alcanzó a desarrollarse totalmente. Ante los restos o ruinas de los edificios hitlerianos se experimenta algo así como una pronta «salida», o conexión, con el más antiguo Egipto, o bien, con un Universo apenas insinuado, con todo un plano de existencia distinto, al cual se pudo pasar por esa Puerta grandiosa que se estaba entreabriendo, por medio de una bilocación o trilocación del espacio y de la mente. Un repliegue de ambos. No es una casualidad que el Mago Hitler se sintiera antes que nada Arquitecto.

Supo que debía perder

Sin embargo, con las nuevas coordenadas del Destino que entran a darse después del ataque a Rusia, el drama se amplía hasta salirse visiblemente de este mundo y abarcar el Universo. Ya no existe la posibilidad de realización del sueño sobre la tierra, en su pureza primigenia, hiperbórea (tal vez nunca existiera en este punto crucial del Kaliyuga), de retorno a la Edad Dorada. Ahora Hitler ha levantado todos los niveles del drama hasta un grado de tensión irresistible y que él mantendrá hasta lo último, pero que muchos de los suyos serán incapaces de soportar. Le queda una última posibilidad: hacer reconocible al Enemigo, descubrirlo de una vez para siempre, polarizando maniqueamente el Combate Cósmico entre dioses y demonios, entre luz y sombra, entre fuego y hielo, «horbigerianamente», en ríos, mares de sangre, sabiendo que se perderá aquí y ahora, para ganar allá y después, simultáneamente, en un mundo paralelo. Porque si ganara ahora y aquí, ya no sería el mismo ideal y el mismo sueño del comienzo, obligando a incluir en el combate de las estepas, junto a sus huestes hiperbóreas, a aquellos que no saben con su sangre, que no creen, porque no son de la raza pura de los guerreros polares de Lucifer, de la Estrella de la Mañana. Han venido los fascistas italianos no esotéricos, los franceses, los españoles de Ignacio de Loyola, los católicos, los hindúes que sólo luchan por su independencia nacional, los tibetanos, los japoneses de otro planeta (que por lo mismo no atacan a Rusia) y hasta los mismos rusos. Todos los objetivos limitados que pudieron cumplirse con el ataque a Inglaterra, la «reivindicación», como diría mi Maestro, ya no lo era más. Pero tal vez nunca lo fuera. O Hitler y los dioses quisieron algo más grande, más tremendo, más fundamental.

Al revés de lo que pensaba Huidobro, Hitler sabe que está vencido, que deberá ser vencido, ahora y aquí, para retornar triunfalmente al final de los tiempos, al ‘cumplirse su Milenio’. Por ello deberá combatir sin capitular, abriendo los ojos de aquellos que en el mundo aún pueden ver, sobre la razón metafísica de la Guerra, desenmascarando al Enemigo.

El hitlerismo, al igual que los templarios antes, conoce que no podrá cumplir aquí su programa, porque ha sido desvirtuado en el combate y por la condición natural de los tiempos. Se ha desgastado. Únicamente la sangre del sacrificio lo hará renacer depurado desde sus cenizas, en su pureza esotérica. Porque «el color de la sangre no se olvida, es tan rojo, tan intensamente rojo» como decía mi amigo Jasón, allá en los años. Y «porque la sangre de los héroes llega más cerca de Dios que el conocimientos de los sabios y la plegaria de los santos.»

Los dioses, que saben que no pueden morir, admiran y quizás envidien el coraje sublime de los héroes que no saben que no pueden morir y, sin embargo, entregan voluntariamente su única vida por un ideal, por un sueño.

¿Existe algo más bello? El sacrificio mayormente apreciado por la divinidad máxima, Odín, o Wotan, es la muerte heroica del guerrero, la que produce los mayores frutos extraterrenos. Por ello los inmortaliza en la cumbre del Walhalla.

Hitler está vivo

A pesar de todo, era tal la energía de aquel ser y de su gente que estuvieron a punto de ganarle al mundo en ese combate de titanes, de estrellas y galaxias.

Mi Maestro también vio a Stalin. Le decía: «No podemos más; estamos con el agua al cuello.» Eran las postrimerías de la guerra. Otro poco y todo se cumpliría. Pero el Destino trabajaba: no podía cambiarse. Para mnel ataque a Rusia se perdieron dos meses decisivos, debiendo Hitler ayudar a Mussolini en Grecia y Yugoslavia. En sólo dos meses conquistó estos dos países; pero los perdió para el verano ruso. Fue fatal. Se aproximaba el final. Vino el desembarco en Normandía y en Italia. La tenaza comenzó a cerrarse. Entonces, mi Maestro escuchó la Voz. Era una sentencia enigmática, que aún hoy no se cómo interpretar: «Ve adonde

esa mujer, que teniendo el poder en todas partes no supo reivindicarse». ¿A quién se refería? ¿A Alemania? Y después, otro día: «En el cielo se ha permitido a Hitler efectuar un acto de suma sorpresa». No mucho más tarde se desencadenaba la inesperada ofensiva de las Ardennes, con los SS y las últimas fuerzas  escogidas de Hitler. Casi, casi, dobló aquí el Destino. Leon Degrellé me ha contado que todo se perdió por falta de combustible para los tanques y los camiones y que, sin embargo, pasaron sin ver, a causa de la nieve y la niebla, junto a enormes depósitos de gasolina abandonados por los norteamericanos en su retirada.

En el Apocalipsis, en el Crepúsculo de los Dioses, sucumbió Berlín y el refugio subterráneo de Hitler fue inundado pro las llamas y la metralla, envuelto también en la música de las esferas, ejecutada por los héroes del firmamentos. Sin embargo, Hitler no murió allí. Fue transportado vivo, lejos de esos territorios.

Por aquellos días, uno de los discípulos mayores, hoy también desparecido como mi Maestro, se vio en astral con Hitler; le preguntaba: «¿Me admitirán entre ustedes?»

Desde tiempo atrás Hitler tenía informaciones directas sobre América del Sur, enviando a investigar a Paul Rohrbach, estudioso del pensamiento alemán y sus conexiones con el mundo. Le hace ir también al Asia Central, Tibet e India. Estamos citando sólo un nombre. La mayoría de los otros enviados fueron desconocidos.

Cuando todo hubo terminado, mi Maestro escuchó otra vez la Voz que siempre le hablaba: «Fue víctima de sus propias creaciones mentales», le decía. Y entonces vio un espíritu femenino, blanco, que se desprendía y alejaba de una región de la tierra donde había estado encarnado. Era un bello espíritu luminoso. Mi Maestro pensaba que fuera el Espíritu de Alemania, su Alma Colectiva, que la abandonaba. Si observamos la Alemania de hoy, tan diferente, un país de fantasmas obesos, materialistas, país sin alma, la conclusión sería justa. Podría ser también a este Espíritu Femenino al que se refería la Voz cuando dijo: «Ve donde esa mujer…»

Pasó el tiempo; del cielo caía esa lluvia de sombras envolventes. Los tentáculos del vencedor iban cubriendo mares, ciudades, continentes.

Información adicional

Peso 450 g
Autor

Miguel Serrano

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284

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