Cabeza de puente (diario de un soldado de Hitler)

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Europa  12 €

Author: José María Sánchez Diana
Categoría: Etiquetas: , Product ID: 3291

Descripción

«CABEZA DE PUENTE, diario de un soldado de Hitler», narra la historia real vivida por el autor de este libro, José M. Sánchez Diana, ya fallecido, voluntario falangista en la Heroica DIVISIÓN AZUL.

A sus 17 años, terminada recientemente la Guerra Civil Española, humeantes aún los campos de batalla, Sánchez Diana se alista voluntario para combatir el comunismo en su propia tierra, RUSIA.

Conmovido, como él mismo dirá en su obra, por las palabras de «Rusia es culpable», el autor se moviliza para aportar su granito de arena a la mayor gesta de las armas españolas allende de nuestras fronteras durante el siglo que vivimos.

Si toda guerra es sangrienta, y la lucha de Alemania contra Rusia más aún, a Sánchez Diana le toca una de las peores partes del conflicto, ya que vivirá las hazañas, combates, luchas y enfrentamientos encuadrado en una de las unidades más aguerridas y con más bajas de toda la contienda, el Regimiento de Esparza, el famoso 269.

Profesor de Instituto tras la guerra, Sánchez Diana a su muerte dejará inconclusa la mayor obra biográfica del fundador de la Falange que él mismo vivió y a la que siguió ideológicamente hasta su muerte, JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

Posiblemente esta obra constituya una de las mejores que podemos encontrar dentro de la amplia bibliografía divisionaria, y es muy recomendable para comprender perfectamente lo que significó la Gesta de la BLAU DIVISIÓN, o División 250

INTRODUCCIÓN DEL EDITOR

No puedo por menos que hacer una breve reseña de un hecho doloroso, del que en parte me siento culpable.

Hace ya cerca de tres años que un buen día vino a mi librería granadina el autor de este libro, D. José María Sánchez Diana.

Yo le había conocido tiempo atrás y había oido de sus andanzas como magnífico profesor de historia en el Instituto Padre Suárez de Granada, y como falangista puro e inquebrantable.

Aquel día, alguien le había hablado de aquel pequeño negocio que tenía en su escaparate «libros raros», entre ellos la Hoja de Campaña de la Blau, que inmediatamente adquirió. Desde ese momento fué uno de los inmejorables amigos y camaradas que pasaron por mi comercio.

Me habló en una de sus visitas de la obra que estaba preparando desde hacía ya años: La biografía, sin duda más completo, de José Antonio Primo de Rivera. Más tarde seguimos viéndonos asiduamente por Granada, y fué una noche de invierno, durante la celebración de un sencillo acto en memoria del aniversario de la muerte de A. Hitler, cuando me habló más detenidamente de sus proyectos futuros ahora que se jubilaba: Publicar sus memorias de la División Azul. No pude por menos que animarle a que me las dejara con la esperanza de que mis medios económicos ayudaran a publicarlas. Y así lo hizo. Varios días después, José María, se presentó con sus memorias bajo el brazo y una recomendación: «Pepe, me dijo, son muy fuertes; corta o suprime lo que quieras. Si las ves publicables, adelante, si no, déjalo.»

Aquella misma noche comencé su lectura que terminaría casi un mes después, dedicándole el poco tiempo libre que tenía.

Nunca capté, hasta mucho después, el gesto de Sánchez Diana. El ya sabía de su enfermedad, y veía el peligro de no dejar tras de sí una pequeña estela de fraternidad hacia aquellos camaradas que quedaron en Rusia bajo la nieve.

Fuera como fuese, al tiempo cerré mi negocio y abandoné la posibilidad de su edición momentánea. Además, José María era aún joven y yo esperaba llegar a realizar varias pruebas de imprenta para que él las corrigiera.

Un año después de verle por última vez, me trasladé a vivir a Alicante, retomando el contacto perdido con Carlos Caballero, asesor de esta editorial y co-fundador, al cual le enseñé mis ideas, proyectos y el libro de Sánchez Diana. Carlos Caballero ya conocía a Sánchez Diana a través de escritos y correspondencia sostenida con él sobre distintos hechos históricos de fundadores falangistas. Así que me dispuse a concertar una entrevista entre ambos.

Carlos Caballero se desplazó a Granada, pero esa misma semana y de forma sorpresiva, José María había sido hospitalizado en Madrid para operarle de un cáncer de garganta.

Posteriormente, ya en su casa, volvimos a intentarlo, pero se encontraba aún muy convaleciente para hablar con nosotros. Y la entrevista se postergó. Nunca más volvimos a verlo. Mientras Carlos Caballero corregía, como hace con todos los libros que nuestra editorial publica, las últimas pruebas de Cabeza de Puente, antes de llevarlas a imprenta, el 23 de mayo de 1989, sonó el teléfono en su domicilio. Era un amigo de Madrid para comunicarle que ese día había muerto José María Sánchez Diana. Mientras Carlos leía el manuscrito que habla de una juventud vigorosa que aplastaba al enemigo de Europa, lejos de su tierra natal, de su Rusia de recuerdo, de sus camaradas y amigos que estuvimos junto a él siempre, la enfermedad que a nadie reveló hasta última hora, se lo había llevado para siempre.

Hoy me siento culpable de haber dejado tanto tiempo olvidado su libro en el «cajón de lo publicable». Me siento culpable de no haber podido entregarle el ejemplar terminado de su obra preferida. Y sin embargo me enorgullezco de poder publicar para las generaciones venideras este último homenaje póstumo a la figura de uno de los mejores hijos de nuestra Patria, a uno de los baluartes falangistas que se unieron a la Blau para sacar a Europa del bolchevismo. Con José María Sánchez Diana perdemos un camarada inolvidable, y que será difícil de reemplazar. Pero su libro será como semilla que siembre de lector en lector y de boca en boca, las glorias pretéritas de la División Azul para que pronto, la historia haga justicia con los aún hoy supervivientes. Que Dios le dé el descanso eterno que tan merecidamente ganó.

JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ DIANA: PRESENTE!!!

José García Hispan

JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ DIANA, IN MEMORIAN

Me hubiera gustado tener más tiempo para investigar sobre José María Sánchez Diana antes de redactar esta breve introducción en su memoria, que pretende subrayar su perfil intelectual.

Obligaciones laborales y otros trabajos relacionados con esta misma Editorial (la dirección de la Colección «Legionarios Europeos en la II Guerra Mundial») me han impedido realizar las averiguaciones precisas, como por ejemplo una visita a la Biblioteca Nacional.

Así que más que un perfil intelectual completo de José María Sánchez Diana, he de contentarme con un bosquejo que espero algún día alguien pueda completar.

José María fué un hombre de acción. No me refiero solo a su participación en la Campaña de Rusia contra el Comunismo, admirablemente descrita en estas páginas. También hago referencia a su constante militancia falangista. Durante el franquismo y posteriormente a él. Bajo el régimen de Franco fué siempre lo que se suele llamar «un falangista disidente», es decir, se opuso en la medida de sus posibilidades a un régimen que usaba la parafernalia falangista pero perseguía unos objetivos bien distintos de los joseantonianos. Por eso jamás ocupó cargos políticos oficiales y por el contrario, estuvo vinculado a los «Círculos José Antonio». Acabado el franquismo, José María Sánchez Diana militó en la renacida Falange Española. Pero la pobre y en realidad poco ortodoxa praxis política de esta organización acabó apartándole de la militancia activa.

Con las armas en la guerra y con la militancia política en la paz, trató de llevar a cabo sus ideales. En este sentido fué uno de tantos falangistas. Lo que hace de él un personaje singular es su categoría intelectual.

Por desgracia, Falange no puede presumir de haber poseído una élite intelectual bajo el franquismo. Quienes en algún momento parecieron encarnarla (Laín Estralgo, Tovar, etc) acabaron colgando las camisas azules. Y quienes siguieron usando este uniforme no destacaron por alcanzar grandes cotas intelectuales. José

María Sánchez Diana es una brillante excepción. Alguien se sorprenderá de que se le de tanto valor a un simple Catedrático de Bachillerato. No nos engañemos por la situación actual: hoy, un catedrático de bachillerato es un don nadie. Hace años, una Cátedra en la Enseñanza Media era un prestigioso título. Grandes personajes de la vida intelectual española (desde el historiador Antonio Domínguez Ortiz al escritor Gonzalo Torrente Ballester) eran precisamente eso, Catedráticos de Bachillerato.

De todas formas, antes de acceder a su Cátedra en la Enseñanza Media, Sánchez Diana había sido profesor en varias Universidades españolas. Su tema predilecto de estudio había sido la historia diplomática española en el mundo moderno y contemporáneo. No es una elección casual. Como otros tantos pensadores falangistas, para José María su obsesión era tratar de explicar cómo España había caído desde el papel de potencia hegemónica mundial al rango de potencia de cuarta categoría. La historia diplomática es una de las vias para buscar respuestas a las preguntas sobre la decadencia española.

De forma enteramente casual conseguí hace algún tiempo hacerme con un pequeño texto, «España y el Norte de Europa 1788-1803» (Estudios y Documentos, n-21. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Valladolid. 1963.103 págs.) debido a la pluma del autor que nos ocupa. Imagino que debe de haber más textos (al menos artículos) publicados por él sobre temas análogos.

Otro tema preferente de su atención intelectual fué el estudio y explicación de la doctrina nacional-sindicalista. Frente a la manipulación que sobre ella ejercía el régimen franquista, era urgente restablecer su auténtico contenido. No es de extrañar que centrara su atención en Ramiro Ledesma Ramos, creador del nacional-sindicalismo y autor tan deliberada como eficazmente «silenciado» bajo el franquismo.

La obra de José María, «Ramiro Ledesma Ramos, Biografía Política» (Ed. Nacional, Madrid 1975. 352 págs.) es hoy por hoy la mejor obra publicada para conocer el pensamiento del filósofo y político de las JONS.

Pero no es la única. De forma no menos casual me encontré también con otro texto de José María, «Ramiro Ledesma Ramos: su interpretación de la historia» (Cuadernos de la Cátedra de Historia Antigua de España. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. Madrid 1964.29 págs.) un texto breve pero extraordinariamente fiel reflejo de Ramiro y su pensamiento.

Me hubiera gustado poder dar aquí una bibliografía completa de Sánchez Diana, pero debo pedir perdón por no poder hacerlo.

Sí que puedo hablar, en cambio, de la obra que la muerte de José María dejó truncada y hasta el momento inédita (¡esperemos que no eternamente!).

Después de su libro sobre Ramiro, José María habrá abordado un magno proyecto: una biografía de José Antonio Primo de Rivera. Existen muchas ya en las bibliotecas, pero oscilan entre la pura apología o la más cerril animadversión.

El mensaje joseantoniano ha podido tanto y tan repetidamente ser desvirtuado porque en realidad se sigue sin saber bien que dijo José Antonio y que hizo José Antonio.

La muerte sorprendió a José María antes de ver conclusa su obra. De la categoría de ésta tengo buena constancia por la conversación que sobre ella mantuve con José María Sánchez Diana. Solo me queda acabar con la expresión de un deseo: hagamos todo lo posible porque ese libro vea la luz.

Carlos Caballero Jurado

PRÓLOGO

Fué una tarde mirando al mar, en la soledad de la playa, cuando vinieron con enorme fuerza a mí los recuerdos. Sí, tomé la decisión de escribir estas páginas, páginas doloridas, después de meditar ante el mar y evocando una conversación de gente joven…

«Siempre acabáis en lo mismo, hablando de la guerra..». Ellos tenían razón, pero sus palabras hicieron mella en mi espíritu. Es tan grande la vivencia sufrida que noches y días, silencios y palabras, están llenas de resonancias de la guerra. Toda la noche pensando… Tienen razón los jóvenes, pero también tenemos razón nosotros, o mejor dicho, la tuvimos entonces. Estamos marcados por la lucha de nuestros años jóvenes. Y eso no lo comprenderán nunca los que vienen detrás. Pitra ellos sólo existe su experiencia. Y sin embargo serán removidos por otras gentes más jóvenes que les dirán lo mismo. Decía Curzio Malaparte que todo aquel que ha tomado parte en una guerra será beligerante siempre, y así es…

Hace horas, releyendo las páginas de Junger, uno de los ídolos literarios de mi juventud, comprobé lo cierto de esta afirmación. Sin querer, Junger vuelve a sus años del 14 y así lo hace también Remarque, y Amold Zweig y Ludwig Rcnn cuando vienen a la guerra de España y nuestros cronistas como Sender, Barea, García Serrano. ¿Por qué yo, que no soy nadie, no puedo desahogar mi espíritu como ellos?.¿Por qué no puedo volver a aquellos días plenos de romanticismo pagano, de irracionalismo, de fuerza, de ilusión política?.

Volver ahora es una tragedia.

Buscando una vieja carpeta con papeles, di con mi Diario de Guerra y un montón de páginas rotas de una vieja Gramática alemana, desencuadernada y sucia. Ahí están mis palabras de los veinte años, enfáticas, realistas, colmadas de palabrotas y de poesía y de nombres propios que con un terrible esfuerzo he reconstruido. Aires de esperpento en sus páginas y también palabras que recogen todo lo que es capaz de sentir un hombre joven. He conservado su aire y su tono. La literatura que tengo almacenada sobre la División sólo ha servido para ordenar la cronología de los hechos y los episodios de la guerra.

Pasamos muchas penalidades en Rusia, pero desaparecieron cuando al cruzar la frontera vimos de nuevo a la Patria que creíamos perdida y decíamos contentos: ¡Pero si lo hemos pasado cojonudo…! Pasan los años, el tiempo se remansa, mueren los falsos héroes. Las sociedades de ex-combatientes se hunden en el olvido. Un eco lejano de canciones y vítores nos acongoja el corazón. En realidad todo aquello, ¿para qué fué?. Una explosión de españolismo, de ceguera intelectual y de ilusión en un movimiento poético, pues creíamos de verdad en lo que decía Brasillach, que el Fascismo, el Nacional-Socialismo y el Falangismo, era el último movimiento poético de la política europea… Creíamos que el Fascismo, el Nacional-socialismo y el Falangismo estaban llamados, como los Angeles de Codreanu, para salvar a Europa de la mierda corrompida de las democracias y del bestial comunismo.

Después vimos que el Fascismo tuvo sus defectos; que nuestro Estado no fué el sueño falangista sino años muy duros. Y entonces nos queda un cierto regusto, ¿Valía la pena aquello?. Ahora, al recordar las horas espantosas de las guardias, de los combates en la nieve, de Olenski y de Possad, vuelvo a preguntarme, ya no como soldado, sino como un número entre los millones de excombatientes, si lo sufrido en los años de guerra, valía la pena. Y una fuerte voz interior me dice, SI. Aunque no te comprendan, aunque no sea más que para saber lo que es la Historia misma por dentro, la Guerra en su estricta realidad, sí valía la pena, pues allí estaba la vida con toda su fuerza elemental. Había algo que no podrán romper nunca los indiferentes, el aburrimiento, el materialismo, el odio: es la Camaradería, quizás lo más hermoso que ha sabido despertar la guerra. Solo para ésto, vuelvo al pasado a escribir mis recuerdos y doy carne y nervio al esqueleto de unas notas deshilvanadas.

No sé quien dijo que el verano era tiempo de ocio. Y el invierno tiempo de meditación. Yo ante este mar azul como las camisas que llevábamos escondidas bajo las guerreras alemanas, voy a intentar izarme por la cresta de la vida y de los años de la derrota y de la frialdad y del odio para pensar en modesta filosofía cómo fueron aquellos días que modelaron mi ser y el de tantos cantaradas que dejaron allí sus promesas. Cantaradas que podrían haberse dedicado mejor a realizar una Revolución interna en la Patria para salvar al país y prefirieron quemarse de manera loca en el barro y la nieve.

Porque eso es lo que querían muchos en el fondo, destruir a la juventud revolucionaria de la Falange, enviándola lejos, cuanto más lejos, mejor. Destruir ante los rusos lo que ellos no podían hacer en el suelo nacional. Los rusos se encargarían de dejarles gobernar España, y así apareció la generación de los logreros, los egoístas, los tecnócratas, los capitalistas, los sectarios encaponados de congregaciones religiosas… Tenían miedo de los revolucionarios. Les asustaba aquella generación entusiasta que podía haber hecho la gran Revolución y salvado a España de tanta miseria y podedumbre… Pero en Rusia quedaron los mejores y los que volvimos sólo recibimos un montón de medallas y de palabras bonitas. Quisieron calmamos con medallitas y oraciones y sobre todo, tapándonos la boca con la palabra «Héroe». Y así, adormecidos con el ruido musical de la vanidad y exprimiendo nuestro cansancio ( y por qué no decirlo, nuestra neurastenia) nos hicieron polvo.

Tampoco estábamos para más. En el tiempo de la ausencia, se formó el Estado de Derechas que algunos llamaron de Obras, el Estado neocapitalista, de burócratas y de sindicalistas sumisos. Buena maniobra la que organizaron. Me gustaría saber fuera de los profesionales del Ejército, qué gentes de la Democracia Cristiana, quá Discípulos de los Herrera o de los Escriba, marcharon a luchar contra el comunismo, ese comunismo que ellos impugnaban en sus libros y conferencias.

La experiencia es nueva. Vamos pues a recordar y luego a enterrar estos folios cu su carpeta. No es para que sirvan de lección a nadie, sino para terminar con esta pesadilla. Hay noches en que salen sus reflejos insomniales, las luces de la nieve, las bengalas cruzando los ríos y los pantanos, que oigo gritar cosas únicas, que la palabra España tiene entonces sentido. Y así no se puede vivir. Marcharé unos días entre papeles, pues ya es lo único que permite esta puñetera vida frustrada.

En la vida hay que contar también con el sentido emocional de la existencia sin el cual no vale la pena vivir. Todo lo demás es polvo y no enamorado, como dijo el poeta, sino mierda pura.

Todos los excombatientes suelen dar explicaciones de sus causas y más si la perdieron, como la perdimos nosotros, justificando las motivaciones de los hechos personales. Como es natural, ésto es lo más inconveniente. Las motivaciones se hallan a lo largo de lo escrito, pero hay algo todavía más peregrino. Los juicios de los que puedan leer algún día estas páginas de una pequeña Historia de soldado. Siempre se saca a relucir la palabra Contradicción. Ahora está de moda. Forma parte de la jerga hegeliana-marxista. ¿Contradicciones?. ¡Pues claro que hay contradicciones!. De la misma manera que hay virtudes y pecados, cobardía y heroísmo, grandes y pequeños, hambrientos y saciados. ¿Qué es la vida sino una contradicción continua?.

Y en estas contradicciones, en estas miserias, ¿por qué no va a caer un sencillo soldado?. Razones políticas y religiosas movieron su ánimo como el de otros muchos miles. No fueron la euforia ni la maldad lo que nutrió las lilas de la División Azul. Las almas más nobles de España se juntaron a los aventureros de oficio bélico, pero dominó la pasión de la lucha y de la raza. Ahí están sus hechos. Vistos desde un ángulo pequeño, pero verdadero. No hay una palabra que no sea cierta, no hay un gesto inventado. Todo es cierto como el mar que diviso, desde este rústico sitio en qué escribo. Lo he escrito sin novelerías, con gusto y disgusto. Me he inventado algunos nombres, es verdad, porque no me acordaba del auténtico, he callado otros, como Cervantes hizo al relatar un lugar triste. Lugar o persona son palabras que se deben callar. Dolor y alegría es realidad. Hay quejas, críticas, sarcasmos, risas y llantos, pero también cosas abundantes y edificantes. Un pequeño trozo de la vida militar y política. Un sector español que luego apagarían los astutos de la profesión, los frivolos, los estraperlistas de las ideas, la corrupción de una España que no merecía tener aquellas gentes. Lo mejor de la Falange se quemó en Rusia…

Llegó la hora de los enanos, de los listillos y de los traviesos, que aprovecharon un régimen de fuerza, pero de fuerza sin Poesía porque esa nos la llevamos nosotros… Sin crítica ni autocrítica, escalarían los peldaños del Partido para transformar el heroísmo revolucionario en pura nómina, en burocracia y en desfiles de pandereta. Frente a una España que sabía morir heroicamente pensando en altos ideales, nacía la España que bosteza…

Y ahora, deseo dedicar estas páginas a todos mis camaradas de la QUINTA COMPAÑÍA del Regimiento número 269. A mi Sargento Alcantarilla, a mi Teniente Baygorri, a mi Comandante Román, a mi General Muñoz Grandes, a los soldados alemanes del XVIII Ejército en el que tuve el honor de combatir y sobre todo a tí, mi gran camarada ALFONSO, perdido en la Paz. Dios te guíe.

EL AUTOR

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Peso 400 g
Autor

José María Sánchez Diana

Paginas

223

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